Miércoles 15 Julio 2020

Reseña Portada



Índice de esta sección

Los Rolling: una apuesta segura


  

Marisol Doucet Plaza


El hedonismo en bikini


  

R.A


Cuatro años de grandes conciertos


  

Juan Gabriel García


Lennon, Almería y todo lo demás


  

Federico Soria


La Fea que enamora


  

Guillermo Fuertes


Artesanos de seis cuerdas


  

Norberto Torres Cortés


Los Refugios de la Guerra Civil


  

María Rosa Granados Goya


Modernidad, quince años después


  

David Baños


El año fotográfico de Manuel Falces


  

Miguel Ángel Blanco Martín


El regreso de Ginés Parra


  

José Luis López Bretones


Sesión Continua


  

Yolanda Cruz


De Torres Jerez a Juan Luis de la Rosa


  

Alberto Gutiérrez


Ligero de equipaje como hijo de la mar


  

Antonio Fernández `Kayros´


Perfil de Manuel del Águila


  

Manuel Carretero




Artículos de este autor

Lennon, Almería y todo lo demás


2007 | Cultura



Lennon, Almería y todo lo demás


En julio de 2006, se programó un curso de verano de la UAL que se titulaba “Los Beatles, su música y su tiempo”, en el que se impartieron clases y se dieron conferencias acerca de la música que hacía el grupo en los años sesenta. La adoración, la idolatría que en Almería (o al menos en algunos medios de comunicación) ha aparecido en torno a ellos es de un surrealismo que lleva a pensar en la posibilidad de que en esta ciudad nos estemos volviendo locos. Que una Universidad programe sesudas sesiones de conferencias en las que profundos pensadores den a conocer “aspectos musicales, sociales y estéticos” (y hasta “trascendentes”, como se pudo leer en internet) relacionados con ese grupo es, cuando menos, sorprendente. En ese curso, un poeta y profesor de la Universidad de Granada (según El Mundo del 19 de julio de 2006) afirmó que “Los Beatles constituyeron sin lugar a dudas uno de los fenómenos artísticos más importantes e influyentes de la segunda mitad del siglo XX”. Un profesor de universidad debería medir sus afirmaciones cuando está hablando en calidad de experto en la materia, pues podría caer fácilmente en un insulto a la inteligencia de la audiencia. ¿De verdad ese profesor cree que los Beatles constituyeron un “fenómeno artístico”, y que fue “uno de los más importantes” del siglo XX?. 

El mismo día, el diario El País titulaba una noticia a grandes letras así: “El método Lennon de inglés”. De repente, el hecho banal y que todo el mundo ha realizado más de una vez, como es el usar textos de canciones conocidas para aprender o perfeccionar un idioma, se convierte en un “método”, al parecer, revolucionario y que requiere la presencia del señor que lo utiliza (o uno de los miles que lo utilizan), el profesor de inglés Juan Carrión, el cual es traído desde otra ciudad para mostrar al asombrado oyente la genial manera de enseñar inglés que se ha inventado; o mejor dicho, que aquí los medios han magnificado y canonizado: enseñar inglés usando la letra de “Sargento Pimienta”. Bueno, pues ese invento fue “el acto de mayor relevancia del primer día del curso”, según se leía en la prensa. Es fácil imaginarse cómo serían los demás.

Posteriormente, hemos ido sabiendo que se va a reconstruir la casa Romero para conservar allí algunos recuerdos de Lennon. También se le está haciendo –o ya está terminada- una estatua de tamaño natural. ¿Nos habremos vuelto locos de verdad?. Tanto ditirambo y tanta mitomanía se merecen comentarios desmitificantes de los aspectos musicales de los Beatles, a ver a qué especie de genio estamos poniendo en los altares. Las grabaciones anteriores a 1966 y, más aún, las grabaciones piratas de sus actuaciones, demuestran que fueron mediocres instrumentistas y cantantes. Sus méritos musicales se limitaban a un simple conocimiento de los rasgueos necesarios para proporcionar los seis o siete acordes más usuales en la guitarra y unas voces débiles y muy limitadas, que sólo podían oírse con micrófono y altavoz. Con semejante equipaje no irían a ninguna parte, así que finalmente esa fue la causa de que, desde 1966 hasta su disolución, no actuaran nunca en directo. Las grabaciones posteriores a este año muestran, sin embargo, a unos músicos excelentes y con dominio de multitud de instrumentos; está claro que no los tocaban ellos. Cuando el grupo se disuelve y cada uno de sus miembros hace su carrera independiente, nos encontramos nuevamente con unos solistas sin técnica instrumental ni vocal y hasta sin capacidad de invención melódica. No es difícil comprender lo que sucedió para que apareciesen grabaciones con hermosas canciones estupendamente interpretadas; y es que los componentes de The Beatles, guiados ya por la poderosa industria del disco, probablemente se limitaran a aparecer en portada de los discos y a cobrar los derechos de autor. Pero hay una surrealista explicación, encontrada en una de las páginas WEB dedicadas al grupo, en la que se lee que dejaron de actuar en directo porque “agotados por las giras, las presentaciones, las intervenciones públicas, los homenajes, etc., the Beatles abandonan los conciertos en vivo a partir de 1966. Sus canciones también se habían hecho demasiado complejas para ser interpretadas en directo; por todo ello, se dedican a hacer discos”. Aunque parece un chiste, no lo es y, por lo tanto queda como “un cuento para idiotas escrito por otro idiota”, como diría Shakespeare, pues esta explicación les hace más daño que bien, y con ella se cumple el viejo dicho “La estulticia trabaja siempre en perjuicio propio”.

Y aquí, en Almería, le dedicamos nada menos que un curso de universidad para analizar su música, un museo, una estatua y no se sabe qué nos proporcionará el futuro en este montaje. ¿Y por qué todo ésto; qué han hecho estos músicos por Almería?, se preguntará el lector sin prejuicios, supongo que asombrado. Nada especial, sólo que uno de ellos, John Lennon, nos visitó durante seis semanas en 1966 con motivo del rodaje de una película por los parajes de Tabernas y Cabo de Gata, y aquí se inventó una de sus canciones, a la que enseguida, en el ambiente almeriense enrarecido de “lennonmanía”, se le adjudicó el título honorífico de “emblemática” e inspirada por el sosiego y la paz que le produjo la ciudad. Pero de eso no hay nada evidente. Si por lo menos su canción se hubiese titulado, por ejemplo, “Cañillo Puerta Purchena forever” o “Desierto de Tabernas forever”, podríamos –si no justificar- al menos entender el asunto. Pero no, él se acordaba con nostalgia de su barrio de Liverpool y supongo que se diría por dentro: “¿Qué puñetas hago yo aquí, en esta ciudad polvorienta en el último rincón del mundo, en vez de estar en el lugar favorito de mi infancia, aquel campo de fresas?”. Pregunta a la que, creo yo, probablemente se contestaría: “Pues qué demonios, estoy haciendo mi negocio, aprovechar una oferta de trabajo como actor en una película, lo que me viene muy bien para olvidar los sinsabores de la reciente disolución de mi grupo; y si de paso se me ocurre una cancioncilla, pues miel sobre hojuelas”. 

Pues bien, el curso universitario citado está ahí dando fe del hecho, la estatua ya está terminada (se han visto fotos en la prensa) y la casa Romero ya en restauración para crear allí un lugar de peregrinación y exibición de recuerdos. Y es de suponer que todo ello financiado con dinero del contribuyente. Por cierto, en la citada casa falta hoy la bañera en la que se aseaba el mito, pues ha sido arrancada de cuajo y llevada a otro sitio. No se sabe quién lo ha hecho, aunque es fácil imaginarse “por qué” lo ha hecho, de modo que algún día la volveremos a ver en su lugar habitual. 

Así que, finalmente, ¿qué ha sido el “caso Beatles”?. Desde luego, no un caso musical. Su inesperado éxito no se debió en absoluto a su actividad musical; eso está escrito y demostrado desde todos los ángulos: sociológico, psicológico y musical, entre otros. El “fenómeno Beatles”, que ciertamente existe, ha sido, y es todavía, algo enmarcado dentro de un esquema categórico más amplio, en relación exclusivamente con la sociología de las masas, en el sentido que da T. W. Adorno a este tipo de acontecimientos sociales: “La cultura masoquista de masas constituye el fenómeno imprescindible para que entre en acción la todopoderosa industria productiva, que deja al consumidor en la actitud del prisionero que ama su celda porque no le han dejado otra cosa a la que amar” . 

Este pensamiento de Adorno –y otros escritos suyos que discurren por la misma línea- es hoy sustituído con ventaja por la filosofía del lenguaje. Así, todo este montaje de enaltecimiento es una escenificación a gran escala del llamado lenguaje o enunciado “performativo”, el cual no se limita a describir un hecho, sino que es un lenguaje en el que al enunciar una verdad, ésta se crea simultáneamente. No se ocupa de la verdad, lo verosímil o lo verdadero. Es decir, no es necesario que los hechos hayan ocurrido realmente. Basta con producir el efecto esperado, que consiste en convencer al lector o a la gente en general y obtener de ellos la aceptación de la figura de que se habla. El que hace el enuciado está engañando, pero puede que lo haga sin saberlo, pues también se engaña a sí mismo, afirma que “es verdadero lo que cree y cree que es verdadero lo que afirma”. No se necesitan demostraciones ni argumentos lógicos. Se trata de una especie de “revelación”. No hay crítica y las verdades supuestas se van magnificando sin límite ni pudor alguno. La fábula se va engordando, se le adjudica veracidad y ésta se reduce, finalmente, a la suma de todos los errores cometidos que se van repitiendo y ampliando en cada escrito, charla, conferencia, película, etc. Se crea así una “verdad” fundada en ficciones repetidas y en errores ciegamente aceptados. Así se crean los mitos. Así se ha creado el mito de los Beatles y así se quiere crear el mito de un John Lennon genial y casi almeriense. 

En efecto, en Almería, desde determinados medios culturales, se está hablando y haciendo cosas “en un lenguaje performativo a gran escala” acerca de este personaje, al que se nos quiere meter con calzador magnificando sus logros musicales y su relación con Almería, adjudicándole así un almeriensismo que no posee en absoluto y que él ni quiso ni buscó.

 

 

 

 

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Este artículo fue publicado originalmente en el Anuario Crítico de Almería 2007, en la sección Cultura


Jajajjajajajjajajjajaj Los Beatles eran unos pringaos
Comentario realizado por: 

Fede Aniorte

 | 19/03/2012

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