Miércoles 24 Abril 2019

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Un despropósito histórico


2014 | Sociedad



Un despropósito histórico


En estas dos páginas encontramos las deficiencias que viene sufriendo el Casco Histórico de Almería, y la desesperanza, turistas a parte, de unos vecinos que año tras año ven anunciar su "revitalización" sin que puedan comprobar de forma efectiva su mejoría. Una muestra de la Política llevada a cabo durante décadas con el emblema más representativo de la ciudad.

La historia de las distintas Corporaciones Municipales que han pasado a lo largo de la democracia por el Ayuntamiento de Almería en su relación con el Casco Histórico de la capital, es una crónica donde los desencuentros y los errores, ya sea por omisión o comisión, sustentan un argumento tedioso e irritante protagonizado por los vecinos del barrio y el equipo de Gobierno de turno. De este modo, se han prolongado en el tiempo algunas carencias cada vez más insostenibles, mientras que las escasas iniciativas emprendidas (ninguna de ellas de hondo calado, ninguna verdaderamente transformadora), no han repercutido en la mejora de la vida en el barrio.

Durante este verano de 2014, los vecinos del Casco Histórico se han topado, una vez más, con un claro ejemplo de esta circunstancia irrefutable: las obras de remodelación de la calle Descanso. El proyecto, presentado en septiembre de 2013, pretendía convertir esta vía que conecta la calle Almedina con la Alcazaba en el “emblema visual del Casco Histórico”. Con una dotación de 100.000 euros, se dio por supuesto que esta intervención serviría como ensayo para posteriormente realizar una rehabilitación mayor en el entorno urbano de la fortaleza. Durante la presentación de la iniciativa por parte del alcalde, Luis Rogelio Rodríguez-Comendador, se les aseguró a los periodistas convocados que “los vecinos están encantados con la intervención”. Algunos meses después, y tras varias semanas de obras, esos mismos vecinos han colocado una pancarta en la calle Descanso con una leyenda no precisamente encantadora: “Señor Alcalde: Chapuzas No”, referida a los graves errores de bulto cometidos durante el desarrollo de las obras y a la modificación sobre la marcha de un proyecto que finalmente no se parecerá a la “postalita” virtual mostrada en su momento por los responsables municipales. Las obras, como es lógico, han obligado al cierre para vecinos y turistas de la calle Descanso, donde hace aproximadamente un año el Ayuntamiento situó un cartel bilingüe para indicar a los turistas la subida a la Alcazaba. Muchos de los “cruceristas” que han visitado la capital a lo largo de las últimas semanas y que se han acercado a la Almedina para conocer la fortaleza árabe, se han marchado por donde han venido, al no prever el Ayuntamiento otra señalización alternativa. Hemos sido testigos de cómo los clientes del bar Sergi’s o los trabajadores del C.S. Almeraya han salido a la calle para indicar a los turistas el camino hacia el monumento. Todo un sainete.

Otro proyecto apuntado hace varios meses pretende hacer de La Almedina una suerte de Albaicín (según publicó la prensa local en su momento), con profusión de comercios turísticos y hosteleros capaz de revitalizar -verbo manido que debería estar prohibido por falsario- el barrio. Mientras que a muchos vecinos la idea se les antoja peregrina, para la mayoría supone un signo de interrogación del tamaño de la Torre de la Vela. Y surgen las preguntas inquietantes: ¿verdaderamente se creen los munícipes las cosas que dicen? ¿Han pisado alguna vez el barrio, y no sólo para retratarse frente a los periodistas en el espantoso Centro de Integración Social levantado en la calle Almedina con Ulloa? ¿Son conscientes de los problemas reales de este núcleo urbano, o no tienen ni idea de cómo meterle mano de una vez por todas?

Las propuestas redactadas por los vecinos y pasadas por el Registro General del Ayuntamiento de Almería se cuentan por docenas, y la mayoría de ellas han sido escrupulosamente desoídas. Si el Consistorio ignora estas propuestas de mejora presentadas por quienes mejor conocen cuáles son los problemas del barrio, ¿cómo puede albergarse la esperanza más pequeña de que el Casco Histórico salga del ostracismo para situarse en el lugar que merece, y que no podría sino contribuir a hacer de Almería una ciudad más atractiva y, desde luego, definitivamente más respetuosa con su legado?

No disponemos aquí del espacio necesario para desarrollar todas y cada una de las carencias del barrio, algunas tan antiguas como el PERI de la Alcazaba, que lleva la friolera de treinta años a la espera de ejecutarse. En situación de franco abandono se encuentra también la vertiente norte del Casco Histórico, desde el Cerro de San Cristóbal hasta la fortaleza, donde hay redactados hasta tres proyectos también sin ejecución a la vista. Por otro lado, la zona de la Hoya, desde la muralla de Jairán hasta la conclusión de la calle Hércules, es perfectamente análoga a la situación de un vertedero, según apuntan los propios vecinos. También en la zona norte, el pequeño barrio de Chamberí pasa por ser una de las zonas más descuidadas de la capital (sólo hay que visitarlo para percatarse del desastre), si bien aquí no ha dejado de ejecutarse ningún plan, entre otras razones porque nunca ha habido plan alguno; cuando se creó la línea del microbús del Casco Histórico (esta sí que ha sido una iniciativa ampliamente celebrada por los vecinos), el vehículo tuvo que desviar su recorrido por la Plaza Pavía para no transitar por la cenicienta de Chamberí, estampa poco gratificante a los ojos del turista. Tampoco escapa de la dejadez municipal la conservación del Parque de Nicolás Salmerón. Desde que se produjera su reestructuración, seis fuentes bebedero no han sido instaladas y sirven hoy de papeleras. La limpieza en este lugar es claramente deficiente, el carril bici presenta baches y el tránsito por el mismo es un deporte de aventura.

Otra esperanza que se diluye como un terrón de azúcar en el cortado es la aplicación del Plan Urban. Descrito por el Ayuntamiento como “un proyecto europeo multidisciplinar gestionado y financiado por el Ayuntamiento de Almería que contempla una inversión de más de 14 millones de euros, financiados en un 70% por el FEDER a través del Ministerio de Economía y Hacienda, hasta el año 2015”, la iniciativa no ha brindado hasta la fecha los frutos apetecidos. Tras la mejora del Centro Andaluz de la Fotografía y del Cuartel de la Misericordia (proyecto este último no incluido en el plan original y desarrollado sobre la marcha), las iniciativas que podrían enmarcarse en el ámbito de este plan europeo y que podrían incidir profundamente en la mejora del barrio no parecen que vayan a producirse. Los vecinos tienen ahora su esperanza en que el proyecto del Mesón Gitano (proyecto que estuvo paralizado por un contencioso con la Junta de Andalucía, otra que tal baila), cuyas obras van a comenzar en breve, sirva de acicate definitivo para que el barrio más viejo de la ciudad tenga al fin el aprecio que sus habitantes y su historia merecen.

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Este artículo fue publicado originalmente en el Anuario Crítico de Almería 2014, en la sección Sociedad


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