Miércoles 16 Octubre 2019

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En el café de la mañana


2014 | Sociedad



En el café de la mañana


Al café de la mañana de los almerienses llegó el debate de la demolición del Toblerone, el silo de la Empresa Andaluza de Minas. No era una cuestión de perder o ganar ese edificio para su uso sino del modelo de ciudad que quiere la sociedad almeriense.

Parecía Imposible, pero ocurrió. En 2012 el Ministerio de Fomento emitía un informe favorable al Plan Especial de la Red Ferroviaria, dejando vía libre al Ayuntamiento para hacer desaparecer el silo de la Empresa Andaluza de Minas, conocido popularmente como Toblerone.

Llegó el momento esperado y el Ayuntamiento de Almería aprobó la recalificación de los terrenos privados del Toblerone y la zona pública de las vías del tren desde la Avenida del Mediterráneo al Cable Inglés. Una actuación con la que la administración pretendía construir las viviendas reflejadas en el Plan Especial, alrededor de 1.230 viviendas para invertir las plusvalías generadas por la edificabilidad en el Plan Especial de Soterramiento, cuando Almería era la ciudad con mayor número de casas vacías de Andalucía.

Las reacciones no tardaron en llegar, se crearon las plataformas ciudadanas SOS Toblerone y Toblerone Vivo; para actuar contra la demolición del edificio, defendiendo su valor histórico, cultural, patrimonial y arquitectónico. Creando la Asociación SOS Patrimonio, recogiendo firmas contra la demolición e ideas para su reutilización, y solicitando a la Consejería de Educación, Cultura y Deporte que declarase el edificio Bien de Interés Industrial acogiéndose a la Ley de Patrimonio Histórico de Andalucía.

Por otro lado, Julián Sobrino, vicepresidente de The international committee for the conservation of industrial heritage, avala el valor patrimonial del edificio para entender el pasado minero de la ciudad y sus posibilidades de generar una nueva manera de gestionar la ciudad en el S. XXI. Sobrino, también lo considera fundamental en el conjunto de El Cable Inglés y la Estación de Ferrocarril para entender el proceso de industrialización de Almería en la primera mitad del S. XIX.

El Ayuntamiento anuncia que las propuestas llegan tarde ya que sin la ejecución del Plan Especial de la Red Ferroviaria es inviable el Plan Especial de Soterramiento, valorado en unos 240 millones de euros. Por su parte, el Colegio de Arquitectos se posicionó a través de su decano, Javier Hidalgo, valorando positivamente la creación de la gran lengua verde. Años después de que el propio Colegio de Arquitectos presentara a las tres administraciones públicas la puesta en valor de este edificio por ser un hito dadas sus dimensiones y ubicación en pleno centro de la ciudad.

Desde su cierre en 1996 hasta la aprobación de su demolición el Toblerone estuvo abandonado y olvidado

Después de un año, casi de silencio, el 30 de junio de 2013, La Voz de Almería, publicaba el anuncio del derribo del edificio de un día para otro. Sin previo aviso por parte de la empresa encargada de la misma ni del Ayuntamiento de Almería, a los almerienses de una actuación de estas dimensiones.
Semanas antes la empresa que promueve la reapertura de las Minas de Alquife anuncia que está estudiando su viabilidad y apuesta por Almería como salida natural del mineral, haciendo uso de las instalaciones de las que ya dispone.

Al parecer había prisa, las obras comenzaron un domingo sin los paneles informativos pertinentes con los datos de la actuación. Ese mismo día los defensores del Toblerone se reunieron para ver qué estaba pasando. Aún esperaban respuesta del expediente para catalogarlo como BIC y habían comenzado preparando el terreno para demolerlo. Y decidieron ganar tiempo paralizando la obra al día siguiente encaramándose al edificio.

La actuación tenía prevista su fin en septiembre, pero el tiempo pareció acelerarse en Almería y fueron necesarios solamente doce días para que la cubierta del edificio estuviera desmantelada por completo.

Doce días en los que la tensión entre los Pro-Toblerone y Anti-Toblerone llega a los almerienses por la mala gestión comunicativa del Ayuntamiento de Almería. Miembros del Ayuntamiento y otras administraciones de Almería emprendieron una campaña de desprestigio contra las Plataformas y viceversa a través de los distintos medios de comunicación, que más parecía una cuestión personal que un debate social.

Durante esos doce días distintas plataformas y asociaciones emprendieron acciones legales para paralizar las obras. Solicitando a la Consejera de Presidencia e Igualdad de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, la actual Presidenta de la Junta de Andalucía, la declaración del edificio como BIC. Y presentando denuncia de hasta 40 irregularidades en la ejecución de las obras. Los más escépticos no pueden negar las más evidentes, como la falta de seguridad, tras el accidente que provocó la caída de una plancha sobre un coche que transitaba por la Carretera Sierra Alhamilla.

El Ayuntamiento defiende el proyecto alegando que se trata de una propiedad privada, que estaba abandonada y se había convertido en un foco de ratas y yonkis, y que recuperar su uso público supondría una inversión de 100 millones de euros para su rehabilitación y 20 millones más para indemnizar a los particulares. Mientras, una a una las planchas de El Toblerone van cayendo hasta desaparecer.

Ganar o perder

El Toblerone desapareció y con él Almería perdió en instalaciones, identidad, cultura y patrimonio. Perdió un espacio que se había convertido en un punto de referencia de llegada a la ciudad. Por mar y tierra, las jorobas metálicas anunciaban la llegada a Almería.

Perdió unas instalaciones que ofrecían una versatilidad de usos que poco edificios pueden ofrecer, y no fueron pocas las propuestas que se presentaron. Perdió en historia, el Toblerone, unido a la Estación de Ferrocarril y el Cable Inglés podría haber sido un conjunto interpretativo que explicase la historia minera de la ciudad y el proceso de industrialización que se desarrolló en Almería con la llegada del Ferrocarril.

Sabemos que con la demolición del Toblerone no se acabó con la división de la ciudad; eso se está haciendo ahora con el desmantelamiento de la playa de vías y la creación de zonas verdes de cara a las elecciones en un momento en que el Ministerio de Fomento ha paralizado todos los proyectos de soterramiento de España. Por lo que ya sabemos que el Soterramiento por el momento no se va a ejecutar. Por otro lado, tampoco se ha comenzado la construcción de viviendas y su ejecución aún no tiene fecha, por lo que el solar donde se encontraba el silo continuará siendo eso, un solar.

Sabemos que con la demolición del Toblerone no se acabó con la división de la ciudad

Cabría plantearse si no es posible el equilibrio entre todos los ámbitos que componen nuestra sociedad. Quizá Almería no es la capital de España para tener unas instalaciones como Matadero Madrid, pero tampoco es una ciudad para tener un soterramiento completo con una estación de ferrocarril 14 metros bajo tierra.

Lo que sí ha ganado Almería con la demolición del Toblerone ha sido voz. Por primera vez los ciudadanos parecen plantearse qué tipo de ciudad quiere. No sólo en los grandes debates, sino en el día a día, en el café de la mañana en el bar junto al trabajo; un debate que llegó tarde para el Toblerone, pero a tiempo para muchas otras zonas de las ciudad.

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Este artículo fue publicado originalmente en el Anuario Crítico de Almería 2014, en la sección Sociedad


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