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A lo Tony Montana


2014 | Sociedad



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JAVIER PAJARÓN
Javier Pajarón

La delincuencia en la provincia de Almería ha sufrido en 2013 con la actividad de 30 bandas organizadas. De ellas, casi un tercio ha tenido vinculaciones con la introducción de hachís o cocaína en España y sólo la mitad han sido desarticuladas por las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado.

El plan tejido con mimo en una vivienda de Adra comenzaba a deshilacharse. La lancha buscó acomodo en alta mar para burlar los controles costeros, demasiado lejos. Cuando el patrón, un pescador gallego emigrado a Almería por el estrangulamiento de la ruta atlántica de la cocaína, comenzó la aproximación a la cala tarraconense, la noche se había convertido ya en una luminosa mañana del mes de marzo y el desembarco de los 200 fardos de arpillera en un suicidio delictivo. El miedo corría encadenado desde la zódiac hasta los porteadores, desde los porteadores hasta los puntos escondidos en el bosque, desde los puntos hasta el conductor del camión, desde el camión hasta el encargado de la guardería en una vivienda cercana, desde la guardería hasta dos hermanos de Adra, desde los hermanos hasta el contacto marroquí en la Costa del Sol y desde la Costa del Sol hasta un lugar indeterminado en Marruecos donde se escondía el dueño verdadero de los más de 6.000 kilos de resina. Todos temblaban menos el último. Pero nadie se movió.

El hachís quedó cubierto por la maleza en una pequeña rambla flanqueada por acantilados, a unos metros del agua, y los traficantes se tumbaron literalmente al sol como tantos otros turistas de la zona. Cuentan que hubo familias disfrutando del día junto a cinco millones de euros en pastillas de hachís. Tuvieron que esperar al regreso de la noche para reiniciar el transporte, pero la Guardia Civil frustró el plan antes de mover un fardo. Todos los porteadores cayeron en la arena y, poco a poco, el resto de implicados con pies en España. Alguno incluso se entregó sin quererlo. Un punto, responsabilizado de la vigilancia de una vía señalada como escapatoria, corrió durante horas campo a través, subiendo y bajando cerros, y cuando salió de los árboles para volver a tocar el asfalto de un carretera se topó de bruces con un control aleatorio de la Guardia Civil.

La operación derivó en tres juicios, decenas de detenciones y registros, aprehensiones, investigaciones millonarias por blanqueo de capitales, acusaciones a guardias civiles por presunta colaboración con los criminales, e incluso un cambio en los movimientos de los vehículos que sostenían las cámaras térmicas costeras de la Benemérita en la provincia. Y es que la delincuencia en Almería no se entiende hoy sin la presencia del tráfico de drogas. Según un informe del Centro de Inteligencia contra el Crimen Organizado (CICO) sobre 2013, la provincia sufre la acción anual de hasta 30 bandas organizadas, casi un tercio con vinculaciones a la introducción de hachís o cocaína y sólo la mitad desarticuladas por las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado.

En el año 2006 (primer año de funcionamiento efectivo de los radares del SIVE) los agentes almerienses se incautaron de más de 100 toneladas de hachís. En España la cifra total rozaba las 300 toneladas. Según un informe de las Naciones Unidas para la lucha contra las drogas, uno de cada ocho kilos de hachís localizado en Europa entraba por el litoral almeriense. Una potencia mafiosa o económica, según cómo se mire.

Las estadísticas revelan en 2012 y 2013 un cambio significativo en las rutas, como acreditan las últimas memorias de la Fiscalía Superior de Andalucía. Los traficantes buscan zonas más propicias en la costa occidental o prefieren cambiar las lanchas rápidas por camiones o embarcaciones pesqueras. En Almería hoy las aprehensiones suponen un tercio de las registradas hace una década. La presión es alta y los medios de control han crecido, más aún tras la apertura en el mes de septiembre de 2013 de las campañas de Vigilancia Aduanera contra los mega-alijos llegados de Marruecos.

Sin embargo, el hachís continúa bombeando la sangre que corre en el sistema circulatorio criminal. Las operaciones más importantes contra la delincuencia organizada en la provincia continúan siendo las realizadas contra el narcotráfico, incluyendo la detección de envíos de cocaína (véanse las actuaciones en Las 200 Viviendas de Roquetas de Mar) y por encima de los robos en viviendas (más de 3.500 casas allanadas en 2013). No se trata sólo de los alijos en la playas sino también de toda la marginalidad asociada, de los ajustes de cuentas, de los crímenes y lesiones graves por robos de droga entre bandas, del movimiento clandestino de armas, de los tiroteos y de la violencia latente en una cierta mafia almeriense autóctona. Protagonizan los juicios más multitudinarios de la historia judicial de la provincia, mueven millones de euros con potentes inversiones inmobiliarias y mantienen contactos con peligrosos distribuidores de hachís en Marruecos y cocaína en Madrid y el Levante.

No es la Gomorra del napolitano Roberto Saviano ni el oscuro universo de los Corleone de Mario Puzo, aunque la literatura y el cine siempre hallan espacios reconocibles en el mundo criminal. Cuentan agentes antidroga que una famosa familia almeriense relacionada con décadas de operaciones judiciales, tiroteos, ajustes de cuentas y amenazas tenía tigres en una extensa finca ubicada en la comarca de Níjar. A lo Tony Montana.

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Este artículo fue publicado originalmente en el Anuario Crítico de Almería 2014, en la sección Sociedad


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