Jueves 01 Diciembre 2022

Frente al ordenador. 

Así es como nos encontramos a diario los profesionales de medios de comunicación. Tenemos que escribir para locutar, subir a la web o llevar a imprenta aquello que los espectadores o lectores encontrarán en televisión, radio, periódicos e Internet. 

Un proceso que, cada vez, es menos sencillo. Durante ese período de tiempo se reciben llamadas, visitas a la mesa de personas de ‘rango’ superior que tratan intervenir en nuestro trabajo, etc. El periodista quisiera, entonces, encontrarse en una burbuja, mantenerse aislado y no sufrir interferencias que mermen la finalidad y objetivo que se persigue: informar, y bien. 

Aunque encontremos esos factores externos que tratan de interponerse entre el profesional y su ordenador, debemos obviarlos, espantarlos como si de una mosca que no para de molestar se tratase y continuar con nuestro cometido. Volver al origen de este trabajo y reducir todo aquello que disminuya la fuerza del mensaje entre el emisor y el receptor. 

Escribir, leer, volver a escribir, releer y dar por concluido nuestro texto cuando sólo nosotros estemos seguros de ello, con responsabilidad y profesionalidad. De eso sólo sabemos los periodistas.




Índice de esta sección

Nacer y refundarse en plena crisis


  

Francisco Molina


SGAE y sus cantadas


  

Sonia Arráez


Cuando la crisis entra por la puerta...


  

Evaristo Martínez


Últimas paladas en Sierro


  

Marta Rodríguez


`Gripe´, ...¡aaah!


  

María Medina


Maestro Falces


  

Pablo Juliá


Señor Doctor


  

Rosa Galán


La Oscuridad en el cerebro


  

Javier Pajarón


El juez que puso la cara a la justicia


  

Antonia S. Villanueva


La Legión cumple 90 años


  

Joaquín Tapia




Artículos de este autor

Sus brazos, dos ramas de olivo


2009 | Cultura



Últimas paladas en Sierro


2011 | Sociedad y Cultura



Olvidada Alcazaba


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Últimas paladas en Sierro


En 2010 se ha producido la primera exhumación de represaliados del franquismo en Almería. Otras familias, como la de Martín Márquez, esperan aún dar una sepultura digna a sus antepasados.
 
La de Indalecio Fuentes Agüero es una de esas historias que todo periodista querría contar y que, al mismo tiempo, jamás debió escribirse. Es la historia de una familia desgarrada por la fatalidad de una guerra y el ensañamiento de una dictadura. Una historia que comenzó el 18 de mayo de 1947, fecha en que la Guardia Civil abatió a tiros a Fuentes Agüero, también a Rafael Jiménez Ortega, en el barranco Ceferino de Sierro. Enterraron sus restos en una fosa de un metro y medio de profundidad, dos de largo y metro y medio de ancho situada en el camposanto serrano. Se sabe por la diligencia de inhumación, pues se preocuparon de documentar que habían acabado con sus vidas.

El que acabo de relatar constituye quizá uno de los episodios más dolorosos de una familia, los Fuentes, con la que la tragedia se cebó hasta límites casi insospechados. La muerte de Indalecio puso fin a los años que llevaba escondido en el monte como guerrillero antifascista. Pero el franquismo ni así se olvidó de su mujer y sus tres hijos, a los que siguió vejando y señalando como rojos el resto de sus días. Sólo Antonio, el único varón de la casa al morir Indalecio, sacó fuerzas de flaqueza más de sesenta años después. Su liberación consistió en contar su verdad a su nieta. Quizá entonces la subestimó y no alcanzó a imaginar que ella llegaría hasta el final. Hasta la que ha sido la primera exhumación de represaliados del franquismo en Almería, y una de las pocas de maquis llevadas a cabo en Andalucía, que se ha producido en este ya pasado 2010.

2010 ha resultado un año clave en la historia de la familia Fuentes. Porque fue el 18 de enero cuando Toñi -nieta de Antonio, bisnieta de Indalecio- estableció contacto con la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica Rocamar y el catedrático de la Universidad de Almería y coordinador del Mapa de Fosas de Andalucía, Fernando Martínez -convertidos hoy en grandes aliados-. Y este 23 de diciembre ya había concluido con éxito el proceso de exhumación de los cuerpos.

Los meses que distan entre una fecha y otra dieron para mucho. Se comprobó la documentación en poder de la familia, se hizo la petición formal a la Junta, se mantuvieron reuniones con el Comisariado para la Memoria Histórica de Andalucía, se recibió la notificación de que se había aprobado una subvención especial para recuperar los restos, se encargó una documentación más detallada al historiador Óscar Rodríguez Barreira y la arqueóloga Rosa Morales Sánchez y se firmó en el Ayuntamiento de Sierro la autorización por parte de su alcalde, Juan Matías, para proceder a realizar las catas que determinaron la localización de la fosa de Indalecio y Rafael. Precisamente esos trabajos tuvieron lugar en el mes de julio con Juan Luis Castro, de la empresa especializada Arqueoactiva, como director de la intervención.

Desde julio y hasta el 25 de noviembre, día en que la Consejería de Gobernación y Justicia, el Ayuntamiento de Sierro y la Asociación Rocamar rubricaron el convenio de colaboración que permitió comenzar las labores de excavación y exhumación, Antonio Fuentes vivió la espera casi con el mismo desconsuelo que ha padecido desde la niñez.

Durante la semana escasa que los arqueólogos tardaron en completar la recuperación de los cuerpos, Antonio se empeñó en acompañar a Sierro cada mañana a su hija Antonia y a su nieta Toñi. Ni sus ochenta años, ni estar postrado en una silla de ruedas, lo impidieron velar desde la puerta del cementerio porque nadie interrumpiera las últimas paladas que lo separaban de su padre. Cuentan que una vez concluida la exhumación se asomó al pie de la fosa a contemplar los restos y que, a continuación, volvió a su puesto de guardián y allí por fin lloró ante la certeza de poder dar una sepultura digna a su padre en su Uleila del Campo natal.

La espera de la familia Márquez

En 2010 se ha escrito el final más feliz posible para Indalecio Fuentes Agüero y Rafael Jiménez Ortega. Pero otras familias de represaliados del franquismo esperan enterrar a sus muertos, como la de Martín Márquez, último alcalde republicano de Cuevas del Almanzora, fusilado en junio de 1939. El pasado 19 de abril sus nietas Ana y Manuela Márquez visitaron el cementerio de San José de Almería y depositaron un ramo de rosas rojas junto al lugar donde se cree que permanece su antepasado.
Manuela Márquez comenzó la búsqueda de los restos de su abuelo hace más de seis años con distintas llamadas a los registros de varias ciudades, aunque siempre centrada en Almería. “Recuerdo que hicimos un viaje aquí para localizar algún dato y estuvimos en el cementerio sentadas sobre unas jardineras. Tres años después descubrimos que la fosa se encuentra debajo de ellas; se me pusieron los pelos de punta al saberlo”, relata la nieta del difunto, que terminó encontrando en el registro del cementerio el certificado de entierro de Martín Márquez. La familia apunta, asimismo, que los restos serían fáciles de identificar ya que, según las primeras hipótesis, en la fosa solamente se encuentran seis o siete cuerpos.

Indalecio Fuentes, Rafael Jiménez y Martín Márquez son sólo algunos de los nombres de la tragedia del franquismo en Almería. Sus descendientes han dado un paso valiente y decidido. Han reivindicado su derecho a recordar su historia. A rescatar sus cuerpos y su memoria. Lejos de esa metáfora malintencionada de hurgar en la herida. No tienen otra máxima que recuperar a sus muertos. Tirados y abandonados donde ni el más despiadado de los seres humanos enterraría a su perro. Su máxima es encontrarlos y llevarlos a un lugar donde poder ir a llorarles. Y 2010 ha sido un año decisivo para que los consigan.
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Este artículo fue publicado originalmente en el Anuario Crítico de Almería 2011, en la sección Sociedad y Cultura
Palabras clave de este artículo: exhumación  |  Sierro  |  fosa  |  Márquez


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