Miércoles 01 Abril 2020

La portada es una reproducción de la imagen plasmada en una chapa que editó la Asociación de Periodistas de Almería y en la que se podían leer los hastags utilizados a través de Twitter por los periodistas para reivindicar la profesión y denunciar algunas de las situaciones que se estaban produciendo durante el año. Dicha chapa la vestimos muchos periodistas en todas las manifestaciones, que fueron muchas, y que tuvieron lugar durante los dos años de los que trata el Anuario de 2013.


Un mal trago

José Esteban Ruiz
Periodista

El mal trago de la crisis de la E. coli o del ‘pepino’ como se atribuyó en su momento a lo ocurrido tras  las falsas acusaciones vertidas por Alemania contra los productos procedentes de Almería, a los que acusó de portar la bacteria que estaba causando la muerte a decenas de personas en territorio teutón, sigue estando en el recuerdo, y tardará en borrarse de la memoria como un hecho en el que Almería se vio envuelta de manera injustificada, por una deficiente maniobra del Gobierno alemán, de aquella senadora de Hamburgo que ahora, dos años después, me van a permitir que omita su nombre, para no otorgarle más protagonismo del que tuvo. A día de hoy, aquella señora continúa sin pagar un ‘precio’ por su gran error. Poco se dijo después de la procedencia de la bacteria. Quizá era una forma de no reforzar la grandísima metedura de pata de un Gobierno que lleva la bandera, o las riendas de los 27 de la Unión Europea, que hace y deshace al mismo ritmo que casi todos los demás asienten y obedecen.

No es la primera vez ni será la última que Alemania, en función de sus intereses marca  las directrices del comercio europeo, protegiendo sus grandes industrias y  tratando de beneficiarse de los productos de los que ellos carecen y de los que son potencias sus ‘colegas’ europeos’, por ejemplo las frutas y hortalizas de las que son referencia europea los almerienses. Aunque la base del asunto en cuestión no respondía a una campaña de desprestigio, lo cierto es que el resultado final, en los siguientes meses no fue otro.

Pero, a pesar de que, en su momento, la crisis de la ‘E. coli’ generó un perjuicio enorme al sector hortofrutícola de la provincia de Almería en particular, y español en general, con el paso del tiempo, ha venido a ratificar y ensalzar el buen hacer de los productores de Almería y las comercializadoras que venden los productos hortofrutícolas. Sin duda una campaña de promoción que costó millones de euros a productores y comercializadores de frutas y hortalizas.

Algunas entidades, las más perjudicadas, aún mantienen un pulso con el Gobierno alemán, tratando de que quede aún más limpio su nombre. No obstante, Europa está demandando más verduras almerienses a raíz de la llamada crisis. Los datos lo demuestran. Casi el 70% de la producción en la pasada campaña, según el informe hortofrutícola que cada año elabora el Servicio de Estudios de la Fundación Cajamar. Es más, en las últimas cifras sobre exportaciones –ofrecidas puntualmente por la Delegación Territorial de la Consejería de Agricultura, Pesca y Medio Ambiente, tras procesar los datos registrados en el Instituto Español de Comercio Exterior- ponen de manifiesto un incremento de la importación alemana de frutas y hortalizas de Almería. Y es que, antes de la crisis de la 'E. coli', Alemania acaparaba alrededor del 27% de las exportaciones que llevaban a cabo las empresas almerienses. Ahora, este porcentaje se eleva por encima del 30%.

Todo ello es reflejo de la ratificación de la calidad y la seguridad alimentaria de los productos de esta tierra de invernaderos. Lejos de acabar con este sector agroalimentario la crisis vino a certificar y difundir que los alimentos que generan los agricultores almerienses se encuentran en la cima alimentaria. Mostrar al mundo lo que se hace y cómo se hace fue una tarea reforzada, necesaria y que ha obtenido sus resultados. Menos cierto es que, el ‘susto’ ha tenido su repercusión en este sector. Ahora, más si cabe, el cuidado es máximo, los controles exhaustivos, la manera de cultivar milimétrica. Además, es una realidad la concienciación de los profesionales almerienses por ofrecer lo mejor de lo mejor para no volver a ser señalados.

De los errores se aprende, y tras las acusaciones, aunque también se dieron algunos aciertos gracias a los sistemas de trazabilidad que en menos de 24 horas determinaron la limpieza de las verduras andaluzas, la reacción aunque rápida, no fue lo más acertada que se esperaba. Las ayudas posteriores quedaron, gran parte del dinero concedido a España, por el camino, sin que llegara a los agricultores que habían perdido parte de la cosecha. No se llegó a entender como para melón y sandía, los productos a los que más se perjudicó, no se concedieron ningún tipo de ayuda para que sus productores cubrieran las pérdidas que habían registrado. Claro está que para pepino, producto en el que se encontraba en el tramo final de campaña, con poco volumen en Almería pero bastante en otras zonas europeas, como Holanda, sí que hubo compensación.  Además, el protocolo de comunicación de pérdidas dejó mucho que desear. Gran parte de los millones de euros que en un primer momento correspondían a Almería por el suceso y que regresaron a las arcas de la UE porque no había manera de justificar su reparto entre el sector, estuvo marcado por la enrevesada y dificultosa burocracia estipulada para justificar los daños generados por esta crisis. Un sistema que mostró sus vergüenzas y  la escasa preparación nacional para estos menesteres.

La defensa española en Europa también fue débil. No en vano, otros países menos perjudicados por la crisis sacaron más tajada de ella. Los que sí estuvieron a la altura fueron los ciudadanos y colectivos españoles que con su apoyo al pepino de Almería y a todas sus frutas y hortalizas sumaron en la tranquilidad de los mercados europeos. A través de las redes sociales, la población se volcó con el sector hortofrutícola andaluz y generaron la mayor promoción, y la más barata,  con la que han contado los productos hortofrutícolas almerienses.

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Este artículo fue publicado originalmente en el Anuario Crítico de Almería 2013, en la sección


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