Miércoles 21 Octubre 2020

Frente al ordenador. 

Así es como nos encontramos a diario los profesionales de medios de comunicación. Tenemos que escribir para locutar, subir a la web o llevar a imprenta aquello que los espectadores o lectores encontrarán en televisión, radio, periódicos e Internet. 

Un proceso que, cada vez, es menos sencillo. Durante ese período de tiempo se reciben llamadas, visitas a la mesa de personas de ‘rango’ superior que tratan intervenir en nuestro trabajo, etc. El periodista quisiera, entonces, encontrarse en una burbuja, mantenerse aislado y no sufrir interferencias que mermen la finalidad y objetivo que se persigue: informar, y bien. 

Aunque encontremos esos factores externos que tratan de interponerse entre el profesional y su ordenador, debemos obviarlos, espantarlos como si de una mosca que no para de molestar se tratase y continuar con nuestro cometido. Volver al origen de este trabajo y reducir todo aquello que disminuya la fuerza del mensaje entre el emisor y el receptor. 

Escribir, leer, volver a escribir, releer y dar por concluido nuestro texto cuando sólo nosotros estemos seguros de ello, con responsabilidad y profesionalidad. De eso sólo sabemos los periodistas.




Índice de esta sección

Vuelva usted mañana


  

Mabel Angulo


Mónsul y Genoveses: Cogeos las playeras


  

Anuska Benítez


El mosquito Tigre hace turismo en Roquetas


  

Francisco Granados


¡Sin plan, mi general!


  

Lola González


El mayor incendio de su historia


  

Guadalupe Sánchez


Un enorme despropósito


  

Paqui Martínez




Artículos de este autor

¡Sin plan, mi general!


2011 | Urbanismo y medio ambiente



Hágalo por mí, por favor


2013 | 



¡Sin plan, mi general!


Sin novedad en el frente. Como si de aquel que acaba el turno de guardia en la garita y regresa al cuartel se tratara, el concejal de Urbanismo, Juan Megino, cerraba así el año 2010 frente al 'jefe' de la Corporación por sexto año consecutivo con el Plan General de Ordenación Urbana (PGOU), sin noticias. Y es que, a pesar de que el nuevo planeamiento es sin duda uno de los objetivos de todos los componentes del mando municipal, a pesar de los esfuerzos del equipo redactor, de los compromisos de la Junta de Andalucía en acelerar los trámites, la única verdad es que todo sigue igual.

Pero como ocurre tantas veces, lo cierto es que durante el año 2010 todo ha ido cambiando para que al final nada cambie. Ha sido un año de sobresaltos, de rescisiones de contratos, y de regresos al inicio del camino porque en realidad el planeamiento que a día de hoy está dibujado y que finalmente, más pronto que tarde, acabará por aprobarse se parece “como un huevo a una castaña”  a la idea original, y no lo digo yo, lo dice el propio Megino.

La primera mitad del año se saldaba casi sin movimientos en el planeamiento porque se intentaba adecuar a las peticiones de Aviación Civil, que no eran pocas, y a todos esos informes sectoriales a los que nunca le gustaron las ideas municipales. Mientras, los esfuerzos se centraban en esperar a las ideas que la Junta de Andalucía traía para la ordenación del área metropolitana y, como la actividad en la construcción ya no 'achuchaba', tampoco había mucha prisa en seguir avanzando.

Todo da un vuelco cuando por un lado se inician las conversaciones para la integración del Grupo Independiente por Almería (Gial) en el seno del Partido Popular, que acabaría con la marcha de Juan Megino de la política, y por otro, cuando desde la Agencia Andaluza del Agua se anuncia que se está elaborando un nuevo estudio de inundabilidad de los terrenos aledaños al río Andarax que puede acabar con el gran reto del PGOU, el salto a la Vega de Allá.

La posibilidad de que la Almería de futuro, aquella que desde el Ayuntamiento se quiere trazar en la Vega de Allá con grandes puentes que ya no tienen quien los pague por la crisis económica de los promotores, pudiera desvanecerse reactivó entonces la maquinaria y el Plan General regresó a la palestra. Regresaron las reuniones con la Junta, los cambios en el dibujo sobre plano, todo un proceso que se paró en seco cuando el equipo redactor le recordó al ente municipal que su contrato estaba más que sobrepasado y pidió firmar el finiquito. Otro contratiempo más que se cerró con casi dos meses de parón para acabar fichando al mismo equipo, porque empezar de cero con otra empresa era más un suicidio que una solución, y con el pago de otros 1,5 millones de euros del nuevo contrato se solucionaba para dejar casi a punto de caramelo, es decir, casi listo para la aprobación provisional, el nuevo diseño de la ciudad.
Lo dicho, mucho movimiento para que todo siguiera en el mismo punto porque lo más sorprendente de la historia es que en estos seis años no haya habido un plan B para la ciudad. Tan convencidos han estado siempre con que todo estaba a punto de aprobarse, tanto han trabajado para ello sin éxito, y tanto se ha alargado en el tiempo la sombra de la redacción del proyecto, que no pensaron en otras opciones por si finalmente se necesitaban casi dos corporaciones para el nuevo diseño de ciudad.

No ha habido ni modificaciones parciales porque casi tardaban lo mismo que un nuevo plan; ni liberación de suelo industrial que estaba prácticamente agotado; ni grandes espacios para vivienda protegida más allá del diez por ciento de los nuevos sectores de la Vega de Acá que corresponden al Ayuntamiento de Almería al ser desarrollado. Tampoco ha llegado El Corte Inglés que espera paciente su entrada en La Salle porque ya tiene su piedra en la provincia, aunque sea en El Ejido y que deja para tiempos mejores su primer centro en la capital. No ha llegado el hotel de cinco estrellas en la Compañía de María, ni se ha terminado el nuevo Cuartel de la Policía Local, cuya historia merece un capítulo aparte, no hay un parque periurbano en La Molineta, ni suelo para un nuevo cementerio. Es decir, no hay ni más ni menos que lo mismo que había en la ciudad hace seis años, eso sí, con mejoras o arreglos, pero lo mismo.

Mientras estas grandes promesas de futuro todavía no llegan lo cierto es que tienen nombre y apellido, es decir, personaje que se juega su dinero en que se realice. Pero el miedo real está en aquellas grandes infraestructuras necesarias para el desarrollo 'coherente' del dibujo de la ciudad previsto y que no tienen quien le escriba, tal es el caso de los puentes de la Vega de Allá. Cierto es que aquellos promotores que desarrollen los sectores situados más allá del rio debían ser los que pagaran los puentes, pero parece difícil que nadie se embarque en tamaña empresa cuando ni se construyen casas, ni se venden, y ni siquiera está claro que el sector recupere la forma en los próximos tiempos. ¿Qué hacer ahora? Esperar, no hay más solución.

En resumen, sin novedad en el frente, el diseño de Almería está exactamente igual que hace seis años aunque se espera que esta vez, y para el este año, definitivamente la ciudad estrene su nuevo modelo.
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Este artículo fue publicado originalmente en el Anuario Crítico de Almería 2011, en la sección Urbanismo y medio ambiente
Palabras clave de este artículo: PGOU  |  urbanismo  |  almería  |  Megino


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