Miércoles 01 Diciembre 2021

La Portada está fundamentada en dos elementos principales. Por un lado, un fondo de color negro reforzando la idea de ´Año Negro de la Prensa de Almería´, en cuyo conjunto se pueden leer algunas de las muchas circunstancias que ha tenido que sufrir el colectivo en el 2008. Por otro lado, la imagen procura representar la presión que sufren los informadores por parte de diversos sectores, y la precariedad laboral de muchos de los periodistas. 

En la fotografía, se representa a un profesional almeriense intentando realizar su trabajo, con los bolsillos sacados simbolizando ruina y las carencias que sufre en su puesto de trabajo. También hay dos hombres de corbata que simbolizan los grupos de presión. Éstos tienen los bolsillos llenos de dinero y, por ello, tiran de los brazos del periodista para manipular a su antojo la información que ha de salir publicada en el medio que ampara al periodista. 

* Joaquín Navarro, autor de la portada del `Anuario Crítico de Almería 2009´, trabajó como diseñador y maquetador en el desaparecido `Diario de Almería´, uno de los medios almerienses (junto con `El Director Económico´y `El Mundo Almería´) que cerró durante 2008. Situación que queda reflejada en la página principal de esta publicación.



Índice de esta sección

Viaje por las sensaciones


  

María Ángeles Camacho


El rubio volador (Perfil de Diego Capel)


  

Ángel Acién


Un año en el cielo; un año en el infierno


  

Pablo Laynez Rodríguez


Tres hombres y un banquillo


  

Javier Gómez Granados




Artículos de este autor

Tres hombres y un banquillo


2009 | Deportes



Llegaron a Primera para quedarse


2008 | U.D. Almería de Primera



En el mar, no todo es azar


2007 | Deportes



Tres hombres y un banquillo


Como si se tratara de la curva que marca la evolución de la economía española, así se podría dibujar la huella que han dejado los técnicos que han dirigido a la UD Almería a lo largo de 2008. Aunque, siendo precisos, fueron dos realmente los que dieron órdenes durante ese año ya el último tomó tierra el día de los Inocentes y fue el 29 de diciembre, en plenas vacaciones navideñas, cuando se sintió entrenador rojiblanco.

Dos vascos, Unai Emery y Gonzalo Arconada, fueron los nombres propios en la UD Almería a lo largo de 2008. Un mejicano, Hugo Sánchez, marcó la ruptura con los dos anteriores, sólo testimonial en ese ejercicio, pero real en 2009.

El de Fuenterrabía llegó cuando el Almería estaba en Segunda División y ascendió al equipo y también a la ciudad, por la puerta grande. En su primer año en la Liga de las Estrellas tuvo ciertas dudas, al menos en cuanto a resultados, aunque aquello queda enterrado en los últimos meses de 2007. Con el nuevo año el ‘Almería de Emery’, como era conocido a nivel nacional, empezó a subir como la espuma hasta alcanzar, por méritos propios, su candidatura a jugar en alguna competición europea. Con el vasco, Almería no hacía otra cosa que soñar despierta y, lo que es más importante, cumplir esos sueños. 

Con un juego espectacular, resultados llamativos y, sobre todo, con una sensación de unidad y ambiente sano, el equipo fue una de las sensaciones de la liga. Ganó al Real Madrid, frenó en seco al Villarreal, que fue segundo al final, se lució ante el Barça y, por encima de todo, batió por 1-4 al Sevilla en el Sánchez Pizjuán, en una noche para recordar toda la vida.

Tanto había crecido Unai Emery y su Almería que otros clubes empezaron a interesarse en él. Y como siempre hablaba de crecer, se marchó a Valencia para aumentar su experiencia y su caché.

Tan grato fue el recuerdo de Unai, tan enorme la sensación de vacío cuando se marchó, que todos buscaban ‘otro Emery’. Y el elegido fue Gonzalo Arconada. Era vasco, de la Real Sociedad, joven y con éxito en Segunda División. Parecía un clon de Emery, pero no lo era. Su carácter más serio, no tenía la frescura de Unai, pero sí su capacidad de trabajo o incluso, más. Pero Gonzalo nunca aceptó ser el ‘alter ego’ de nadie. Sus primeras decisiones no fueron entendidas ya que dejó sin jugar a hombres intocables para su predecesor y favoritos de la afición. La sombra que sobre él proyectaba Emery, le afectaba demasiado. Nunca llegó a sentirse a gusto en un grupo que aún recordaba a Unai, en una ciudad que le comparaba con otro vasco y con un presidente que empezó a dudar de él muy pronto.

En ese estado de cosas, la exitosa curva ascendente del Almería empezó a caer en picado. Aunque inició bien el campeonato, quizás por la inercia del anterior, los malos resultados, el mal juego y, lo que es peor, el mal ambiente en el vestuario, terminaron por condenarle. El ‘otro Emery’ no sobrevivió a las comparaciones y no encajó ni en el club ni en la ciudad. Dijo adiós con la llegada de la Navidad, cuando Alfonso García le agradeció sus servicios tras perder, una vez más, esta vez en Gijón. Se marchó por la puerta de atrás este buen hombre, de modales muy correctos, educado, pero incomprendido. 

Había llegado el momento de dar un cambio radical. Y el presidente Alfonso García, arriesgado y valiente, se fue a por alguien con el suficiente carisma como para dar un vuelco a la negativa dinámica, levantar la moral de la tropa y enseñar a sus chicos a ganar. El elegido fue Hugo Sánchez, gran jugador, enorme goleador e infinita autoestima.

El mejicano, por su trayectoria y su carácter, fue un golpe de efecto para el club. Los jugadores vieron de cerca el rostro de un ganador nato y le escucharon. Los medios de comunicación de medio mundo giraron la mirada hacia Almería y ya no la perdieron de vista. El gran Hugo borró de un plumazo el debate sobre los dos vascos, a los que ni conocía. Estaba y está por encima de todo eso, porque vino a Almería como punto de partida para otras metas mayores. Y en ello está. 

La curva que marca el estado de ánimo de la UD Almería, la que determina los puntos en la clasificación, la que le acerca a su objetivo, ha vuelto a ascender. Tanta humildad colectiva necesitaba un toque de soberbia para seguir funcionando. Y Hugo Sánchez le está dando al Almería la dosis necesaria para volver a levantar la cabeza y mirar a todos los rivales de frente, a los ojos, retándoles para competir de tú a tú.


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Este artículo fue publicado originalmente en el Anuario Crítico de Almería 2009, en la sección Deportes


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