Miércoles 01 Diciembre 2021

La Portada está fundamentada en dos elementos principales. Por un lado, un fondo de color negro reforzando la idea de ´Año Negro de la Prensa de Almería´, en cuyo conjunto se pueden leer algunas de las muchas circunstancias que ha tenido que sufrir el colectivo en el 2008. Por otro lado, la imagen procura representar la presión que sufren los informadores por parte de diversos sectores, y la precariedad laboral de muchos de los periodistas. 

En la fotografía, se representa a un profesional almeriense intentando realizar su trabajo, con los bolsillos sacados simbolizando ruina y las carencias que sufre en su puesto de trabajo. También hay dos hombres de corbata que simbolizan los grupos de presión. Éstos tienen los bolsillos llenos de dinero y, por ello, tiran de los brazos del periodista para manipular a su antojo la información que ha de salir publicada en el medio que ampara al periodista. 

* Joaquín Navarro, autor de la portada del `Anuario Crítico de Almería 2009´, trabajó como diseñador y maquetador en el desaparecido `Diario de Almería´, uno de los medios almerienses (junto con `El Director Económico´y `El Mundo Almería´) que cerró durante 2008. Situación que queda reflejada en la página principal de esta publicación.



Índice de esta sección

Viaje por las sensaciones


  

María Ángeles Camacho


El rubio volador (Perfil de Diego Capel)


  

Ángel Acién


Un año en el cielo; un año en el infierno


  

Pablo Laynez Rodríguez


Tres hombres y un banquillo


  

Javier Gómez Granados




Artículos de este autor

El rubio volador (Perfil de Diego Capel)


2009 | Deportes



El rubio volador (Perfil de Diego Capel)


Hay futbolistas que nacen con un don y están llamados a cumplir su destino. Diego Capel Trinidad (Albox, 16-2-1988) pertenece a ese grupo de elegidos. Debutar en Primera División con 16 años y con la selección absoluta a los 20, en la campeona de Europa nada menos, son dos acontecimientos que aparecen sólo en la biografía de los grandes jugadores. Diego Capel es un extremo nato, esa demarcación llevada al riesgo de la extinción por la inercia conservadora en la evolución de los sistemas. Cuando Capel coge el balón y lo pega a su zurda, en su mente se dibuja una meta imaginaria, la portería rival. En el camino debe sortear todo tipo de trampas que buscan frenar sus veloces carreras. Con la rubia cabellera al viento, parece volar lejos del alcance de los defensas con alma de cazador. He visto los tacos de las botas marcados en su tibia tras los partidos. La dureza no le intimida y esa valentía es otra cualidad que distingue a los ganadores. Su fútbol conserva la frescura del niño que dio las primeras patadas a un balón en la plaza albojense que hoy lleva su nombre, junto a la casa de su abuela Juana. Las lágrimas que derramó por ella en el homenaje de Albox a su embajador universal nos mostraron el lado cercano del ídolo. Aquella fría mañana de diciembre será inolvidable para Blanca y Ángel, sus padres, para su hermana Carmen y para el resto de la familia, en la que su tío Carioca, un delantero que dio tardes de gloria en el viejo campo de “Las Ventas”, presume de ser el eslabón futbolístico.  El calor familiar es una fuente de energía para Diego. Alejado de sus seres queridos, se bajó de un tren hacia la élite llamado Fútbol Club Barcelona para volver a casa. El segundo intento, ya arropado por su gente, le permitió despegar en edad juvenil con la camiseta del Sevilla Fútbol Club. El nombre de Diego Capel es hoy reconocido como uno de los talentos emergentes del fútbol español. Un comienzo tan prometedor invita a soñar con una carrera brillante pero Diego ya ha triunfado como ser humano. Las estrellas del balón caen con facilidad en la tentación de sentirse superiores, altivos, distantes, endiosados por la popularidad y el dinero. Capel no ha cambiado. Vive con sus padres, conserva a sus amigos (con apelativos propios de su edad como “Larry” o “el Duque”), sabe escuchar los consejos para corregir errores y atiende siempre con una sonrisa a la legión de admiradores que sigue sus pasos. Recientemente, uno de ellos le pidió su camiseta para un hermano enfermo. Resulta imposible comprobar si era una treta de cazautógrafos o una petición verdadera. Diego quedó con él a la salida del Estadio, sin cámaras ni testigos, y le entregó la prenda. El corazón de un crack. Por muchos triunfos que pueda alcanzar, y que los almerienses celebraremos como propios, esa será siempre la mayor de sus victorias y el orgullo de quienes le conocemos. 


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Este artículo fue publicado originalmente en el Anuario Crítico de Almería 2009, en la sección Deportes


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