Miércoles 03 Junio 2020

Portada diseñada por Quinita Villacampa. Obra finalista del certamen de obra gráfica "Día de la libertad de Prensa". 

La Asociación de la Prensa y la Escuela de Arte, convocaron el I Concurso de Obra Gráfica. El requisito imprescindible fue que todas las obras estuviesen inspiradas en el artículo 20 de la Constitución. La portada de este Anuario, finalista de dicho certamen, representa un ratón de ordenador arrastrado por una cadena de grandes dimensiones.



Índice de esta sección

El año de la hormiga


  

María Victoria Cobo


La paradoja de la educación


  

Mari Carmen Callejón


El pisotón de un informe


  

Juan Teruel


Una ciudad abierta al mundo


  

Yaddy González


Se buscan líderes


  

Curro Lucas


Elogio de la bondad. Perfil de María García Torrecillas


  

Covadonga Porrúa Rosa


Herramientas para defenderse (cuando sea necesario) del discurso político


  

Antonio M. Bañón Hernández


La ciudad de los coches


  

Francisco Molina




Artículos de este autor

El pisotón de un informe


2008 | Ideas



Enamorados del poder


2007 | Almería y provincia



El pisotón de un informe


 

Los resultados conocidos del muy comentado Informe Pisa sitúan la Educación en España prácticamente a la cola de los países industrializados. Lo peor es que Andalucía es, en este caso, cola de ratón. El bajo nivel, por ejemplo, en la lectura comprensiva, lleva a los jóvenes de nuestra comunidad a no leer. Quizás la cultura en el futuro consistirá en el trabajo con la imagen y en el manejo de las nuevas máquinas –ordenadores incluidos-, pero otros países continúan machaconamente formando a sus jóvenes como si la cultura escrita aún estuviera vigente. Por eso despiertan la envidia de muchos, entre los que nos encontramos. Pero nuestra intención no es mortificarnos con la desgracia, sino ofrecer perspectivas de mejora. Y ese es el planteamiento con el que nos pusimos a elaborar este trabajo.

Si algo tiene una consecuencia clara en la formación de los ciudadanos es que, de seguir así, nuestro nivel cultural se va a situar en el pelotón de cola de los países civilizados. Por eso, nos parecía ineludible contar con la opinión de personas del mundo de la Cultura. Y hemos preguntado y se nos han dado respuestas diversas. Ellos han preferido permanecer en el anonimato y no citamos sus nombres, pero reproducimos sus impresiones. Todos coinciden en que en un sistema educativo debe primar la formación en valores. Y hay quienes piensan que, sin que ello signifique ninguna nostalgia por el pasado –lleno de errores de bulto y tendencias equivocadas-, sugieren que, tal vez, dentro del humanismo cristiano pudieran encontrarse bases suficientes para reconvertir la situación. Porque ello es totalmente compatible con los principios ideológicos defendidos por las diferentes opciones políticas actuales. También hay quien, tomando como referencia los países en los que las cosas marchan, encuentran en nuestra sociedad ciertas desventajas: escasa participación ciudadana, creciente falta de disciplina y  existencia de ciertos sectores con un nivel de economía insuficiente para asumir el costo de un apoyo eficaz a la acción educativa. Habría que trabajar, en consecuencia, muy a largo plazo para reivindicar el sentido global de la disciplina y la promoción de la participación ciudadana. Esto se nos antoja un caso más del famoso círculo vicioso, en un fenómeno que se retroalimenta. En cuanto a la Economía, no parece la actual una coyuntura propicia para plantearse reformas estructurales. 

Pero necesitábamos, en cualquier caso, contar con la opinión de un erudito implicado en el sistema educativo actual y con una larga trayectoria como profesional en Educación.

Antonio Domínguez Peláez es profesor en la Universidad de Almería. Durante su dilatada vida profesional ha estado implicado en la Educación de varias formas: como maestro, como psicólogo y como inspector. Durante doce años ha sido el responsable del Servicio de Inspección en Almería. Pero, además, es un teórico cuyas varias publicaciones han girado siempre en torno a lo que es su clara vocación: la educación de los ciudadanos. Cuando yo creía que me iba a hablar de dinero, este hombre me sorprende con un análisis en el que se intuye mucha reflexión personal y gran conocimiento de la situación. Así ve él las líneas de actuación para la elevación de los indicadores del informe Pisa:

“Analizando los sistemas educativos en los países en los que, según el informe Pisa, la Educación tiene un mejor nivel, podemos encontrar sugerentes propuestas de cara a sugerir cambios que puedan contribuir a mejorar los resultados escolares. 

Se ha venido hablando de cuestiones como las cuatro diferencias en esos sistemas con relación a lo que ocurre en aquellos países que obtienen los peores resultados. Los aspectos diferenciadores podemos concretarlos en:

1.El alto nivel de autonomía de los centros.

2.La participación de los padres que se consideran los primeros responsables de la educación de sus hijos.

3.La formación inicial de los docentes y de los directivos. 

4.La consideración social de los docentes que gozan de la estima social en torno a su desempeño profesional.

El modelo más elocuente es el caso de Finlandia, hasta el punto de que se ha venido hablando de que toda Europa mira a Finlandia.

Del análisis de la educación en este país nórdico destacan cuestiones que no sólo están referidas al gasto educativo (el presupuesto dedicado por Finlandia a la educación supera ampliamente la media del gasto en es concepto por los países de la OCDE, es aproximadamente un 20% superior), sino que abarca cuestiones tales como la excelente formación del personal docente que en el caso de los maestros duplica la duración de los estudios universitarios que sirven de formación para este personal en la mayoría de los casos. Para el profesorado de secundaria la formación pedagógica es hasta diez veces superior a la que se ha venido necesitando.

Otro dato muy relevante es el referido al nivel de implicación de la familia, en el que no sólo se muestra un alto grado de colaboración con las instituciones escolares, sino que es frecuente que los escolares perciban frecuentes modelos en los que sus padres y madres dedican tiempo a la lectura de prensa y libros. Esta contribución a la creación de hábitos lectores se puede considerar como inestimable.

La consideración social de la profesión docente es otro de los pilares sobre los que se sustenta el éxito de la educación en este país. Sirva como dato el que la profesión de maestro es una de las más demandadas por los estudiantes universitarios, lo que obliga a un fuerte proceso de selección en el que se incorporan a la misma los mejores expedientes académicos. Esta es probablemente una de las claves del caso finlandés junto con el referido presupuesto educativo, la formación pedagógica de los docentes y de los directores y la extraordinaria colaboración de la familia anteriormente comentada.”

La soledad del Maestro

No he conocido una época en la que la gente haya estado conforme con el sistema educativo en vigor. Pero tampoco se recuerda una etapa con un descontento tan generalizado como el que se registra en la actualidad. En cualquier caso, en donde la desaprobación adquiere tintes dramáticos, en sentido literal, es en el sector del profesorado. Las medidas educativas introducidas se han basando en un mayor control y una exagerada burocratización a todos los niveles. Aunque los problemas principales han sido la sobreprotección del alumnado y la intromisión de los no-profesionales. En Sevilla formé parte de un grupo de técnicos que hizo una propuesta para intervenir con los docentes. Bien acogida en principio la iniciativa, al final el proyecto quedó en nada sin que supiéramos las causas que dejaron en vía muerta ese intento por mejorar las cosas. Parece que los responsables del sistema son insensibles al fenómeno del aumento progresivo de bajas por depresión más o menos camuflada en mil variantes de somatización de un climax de clase irrespirable.

  Un día alguien empezó a hablar del ‘malestar docente’. A partir de ese constructo recién parido, se organizaron seminarios, charlas y hasta congresos. Se han escrito libros, pero, como tantas veces ocurre, una vez puesto el nombre, parece que nos conformamos todos.

  Y, si preguntamos al alumnado, tampoco ellos se sienten felices –la sobreprotección, paradójicamente, genera más sufrimiento que bienestar- con el modelo imperante. Aparte de las patologías emergentes (depresiones, buylling, etc.), el malestar entre los chavales es fácilmente detectable. Y seguro que ellos desearían que las cosas cambiaran, pero los alumnos no hacen sino sufrir lo que otros les imponen. 

  He dedicado toda mi vida laboral a la Educación: durante años llevando a cabo proyectos de renovación pedagógica y en los últimos quince cursos tratando de ‘venderlo’al profesorado. Tengo que decir que la situación se ha deteriorado tanto que, en estos momentos, no podría hacer lo primero, ni  me atrevería a lo segundo. Ahora, supongo que el informe Pisa habrá llenado de sobresalto e incertidumbre a toda la comunidad educativa.

  Desde la ley de Villar Palasí (años setenta en adelante), que fue el inicio de la decadencia hasta nuestros días, los políticos no han hecho otra cosa que echar balones fuera. Ni los de la derecha ni los de la izquierda han dejado de mirar a otro lado (algunos se protegen enviando sus hijos al extranjero). Me duele mucho más lo de la izquierda, que arrían así, por la vía de lo pragmático, una de sus banderas más ilusionantes para quienes, como yo, no hemos contado con otro patrimonio que el de nuestra formación. Pero ya está bien. Es el momento de hacer un pacto de Estado para que las cosas cambien. Hagan la guerra en otros frentes, pero, por favor, miren para adelante y piensen en el futuro de la nación.

 

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Este artículo fue publicado originalmente en el Anuario Crítico de Almería 2008, en la sección Ideas


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