Miércoles 19 Enero 2022

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Los que perdieron la vida cuando fueron a ganársela


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Los que perdieron la vida cuando fueron a ganársela


El contador de la fachada del edificio sindical marcaba, a fecha de 31 de diciembre de 2006, 36 muertos y 145 heridos graves. Son las tristes cifras de la siniestralidad laboral en Almería que han situado a nuestra provincia durante este año a la cabeza de accidentes laborales mortales en Andalucía y en España. 

Acabábamos de estrenar el año, apenas habían pasado 11 días, cuando se produjo el primer siniestro. En un lugar con nombre premonitorio, en la playa de los Muertos de Carboneras, tres pescadores fallecían al naufragar su barco, de nombre José El Francés. Un cuarto tripulante, un joven subsahariano, consiguió salvar su vida. Dos de los fallecidos, de 50 y 24 años, eran padre e hijo. Al pesquero, que no tenía más de tres años, se le paró el motor y unas fuertes olas lo hicieron volcar.

El último accidente laboral sucedió cuando estaba a punto de terminarse el año. El 29 de diciembre, un obrero de 35 años resultaba muerto tras ser atropellado por una máquina retroexcavadora cuando se encontraba trabajando en una empresa de hormigones ubicada en el Polígono industrial La Redonda de El Ejido. Era la víctima mortal número 36.

En los 12 meses del año, se han sucedido los accidentes laborales: una treintena mortales, más de 140 graves, y miles con heridas leves. Los sectores más afectados son la construcción, sobre todo, y además las industrias manufactureras, la agricultura, la pesca, el transporte y el comercio. Los sindicatos también apuntan a la administración pública, la Junta de Andalucía, como la mayor incumplidora de la ley de prevención de riesgos laborales.

Es imposible dar cifras con certeza, ya que la Delegación de Empleo no incluye como siniestralidad laboral aquellos trabajadores que han muerto in itinere, o que han sufrido un infarto en su puesto de trabajo, o que siendo jubilados, siguen trabajando aunque sea sin contrato. Los sindicatos por su parte aseguran que la situación es aún peor, pero por no entrar en una guerra de cifras, prefieren quedarse por debajo en datos oficiales y centrar la atención en lo importante.

 Porque lo importante y lo escandaloso es que Almería ha batido todos los tristes récords de siniestralidad laboral en nuestro país. Por eso, no estuvo muy afortunado el presidente de la Asociación de Empresarios de Almería, Asempal, Miguel Uribe, cuando aseguró, que la alta siniestralidad laboral en nuestra provincia era una cuestión de mala suerte. Y lo dijo en una jornada sobre prevención de riesgos laborales que se celebraba bajo el lema “Gánale la partida al riesgo”.

Como era de esperar, los sindicatos se echaron las manos a la cabeza ante estas palabras. Un trabajador que se cae del andamio porque no lleva puesto el arnés, o se golpea en la cabeza sin casco, o un chaval que es arrollado por una máquina no siempre es un error inevitable ni ¡vaya por Dios! mala suerte; es que falta formación, el trabajador no cumple con las medidas de seguridad, la empresa no se molesta en que lo haga y la inspección de trabajo no controla lo suficiente. Todo ello se resume en que se incumple sistemáticamente la ley de prevención de riesgos laborales, que para algo está.

El presidente de los empresarios rectificó a tiempo y en su balance de fin de año aseguró que lo peor de 2006 en Almería había sido la altísima siniestralidad laboral. Uribe aseguraba que la solución está en la sensibilización y en la educación y hacía un llamamiento a los empresarios para que se implicasen en este grave problema.

Pero del dicho al hecho lo cierto es que sólo quedó una manifestación decepcionante. Así calificaron los sindicatos UGT y CCOO la movilización que convocaron a mediados de diciembre después de que se produjera el accidente laboral mortal número 35 (todavía moriría otro trabajador más antes de que finalizara 2006).

A pesar de que los sindicatos habían hecho un llamamiento de participación a los empresarios, administraciones y partidos políticos, sólo un centenar de personas acudió a la manifestación, y entre ellas apenas un representante de IU y otro del PP. Ni rastro de los empresarios ni de la administración. Y así no hay forma.

La presidenta de la Asociación de la prensa de Almería, Covadonga Porrúa fue la encargada de leer el manifiesto reivindicativo bajo el lema “Tolerancia cero a la siniestralidad laboral”, en el que los sindicatos calificaban de auténtica lacra social la muerte de trabajadores en Almería y demandaban el cumplimiento y aplicación de la ley vigente; pedían un cambio de actitud de las organizaciones empresariales, una mejora de los efectivos y medios de la Inspección de Trabajo y Seguridad Social y un compromiso de los trabajadores y trabajadoras para evitar riesgos innecesarios. 

Cada vez que se ha producido un accidente laboral en Almería hemos escuchado esta misma triple reivindicación; cada vez que un trabajador ha muerto en su puesto de trabajo, los sindicatos han repetido el mismo mensaje: prevención. Pero no ha sido suficiente. 

Salvando las diferencias, lo que está ocurriendo con la siniestralidad laboral en Almería me hace pensar en la violencia de género. Eso sí, en un caso son hombres (todos los trabajadores muertos en 2006 eran hombres) y en el otro mujeres, pero ambas situaciones parecen no tener solución. Porque por mucho que denunciamos lo que está ocurriendo, siguen muriendo hombres en su lugar de trabajo y mujeres en sus casas. Y no debemos permitirlo. Ningún trabajador, sea hombre o mujer, debería perder la vida cuando va a ganársela. Pero el contador sigue sumando muertos. 


 

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Este artículo fue publicado originalmente en el Anuario Crítico de Almería 2007, en la sección Sociedad


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